Este 7 de junio, millones de peruanos salieron a votar en la segunda vuelta entre
Keiko Fujimori y Roberto Sánchez. Y aunque la política estuvo en boca de todos, en
las calles pasó algo que vale la pena analizar: Lima respiró diferente. Las pistas, por
unas horas, fueron de las personas.
Datos clave de las Elecciones 2026
1. Más de 27 millones de ciudadanos habilitados para votar a nivel nacional.
2. 35 candidatos presidenciales participaron en la primera vuelta del 12 de abril.
3. Diferencia de ~0.2% entre candidatos en el conteo parcial de la ONPE.
El fenómeno electoral: cuando el tráfico desaparece
Cada vez que hay elecciones, ocurre algo que los limeños notamos pero rara vez comentamos:
el caos desaparece. Las avenidas que normalmente son un laberinto de bocinas y combis se
vacían. Los semáforos vuelven a tener sentido. Caminar por la calle se siente, por unas horas,
como debería sentirse siempre.
No es casualidad. El día electoral combina varios factores que reducen la presión vial: miles de
personas se movilizan temprano para votar y regresan a casa, las campañas masivas que
saturan avenidas con mítines y caravanas ya cesaron por la veda electoral, y muchos
comercios abren tarde o no abren. El resultado es, involuntariamente, un experimento urbano
de movilidad que la ciudad nunca planifica de forma deliberada.
Según Cabify, que analizó el comportamiento durante la primera vuelta del 12 de abril, las
últimas horas de la jornada electoral fueron las más tranquilas en las calles de Lima. La
demanda de taxis se disparó entre las 7 y las 10 de la mañana —cuando la gente salía a
votar—, y luego la ciudad se calmó de una forma que pocas veces se ve en un día laboral
normal.
Lo que sí fue caótico: los mítines de campaña
Antes de la veda, sin embargo, Lima vivió semanas de tensión vial por otra razón: los cierres de
campaña. El jueves 5 de junio, Keiko Fujimori convocó a sus seguidores en el Arena
Monumental en Ate, y Roberto Sánchez reunió a los suyos en el Campo de Marte, en Jesús
María. Dos concentraciones masivas, en puntos opuestos de la ciudad, el mismo día.
Para quienes no iban a ningún mitin y solo querían llegar a su casa, fue una pesadilla. Desvíos,
calles cortadas, congestión acumulada. El tipo de situación que en Lima ya no sorprende, pero que sigue siendo un ejemplo perfecto de cómo la política y el tráfico están más conectados de
lo que parece.
¿Qué candidatos proponen hacer con el tráfico?
Las propuestas de movilidad urbana brillaron por su ausencia en esta campaña. En una ciudad
donde la gente pierde entre dos y cuatro horas diarias en el tráfico, ninguno de los dos finalistas
convirtió la movilidad en un eje central de su plan de gobierno. El tráfico limeño fue, una vez
más, el gran problema que todos sufren y pocos se comprometen a resolver.
Lo más concreto en materia de transporte vino de la logística electoral misma: la ATU coordinó
horarios especiales para el Metropolitano, la Línea 1 y la Línea 2 del Metro, los corredores
complementarios y los taxis autorizados para garantizar que los electores pudieran llegar a
votar. Una operación que salió bastante bien… y que dejó en evidencia que cuando hay
voluntad y coordinación, Lima puede moverse mejor.
La lección que no deberíamos olvidar
El día de las elecciones, con menos autos en la calle, Lima se siente diferente. Y no porque la
ciudad haya cambiado, sino porque el comportamiento colectivo cambió. La gente salió a votar,
no a competir en el tráfico. Y eso, aunque sea por un día, transforma la experiencia de manejar.
La pregunta que nos deja este domingo es simple pero incómoda: ¿por qué esperamos las
elecciones para que Lima respire? La respuesta no está solo en los candidatos. Está en cómo cada uno de nosotros decide moverse todos los días.
5 cosas que aprendimos del día electoral en la pista
1. Cuando hay menos autos, hay menos estrés. No es magia: es física. Menos
vehículos = menos conflictos = menos accidentes.
2. El transporte público puede funcionar cuando está coordinado. La ATU lo
demostró el 7 de junio. La pregunta es por qué no pasa todos los días.
3. Los eventos masivos necesitan planes de movilidad serios. No pueden seguir
siendo problema de los vecinos que viven cerca.
4. El ausentismo también mueve la ciudad. Más de 7 millones de peruanos no votaron
en la primera vuelta. Muchos se quedan en casa y eso también afecta el flujo vial.
5. El próximo presidente heredará un problema de tráfico enorme. Si no está en su
agenda desde el primer día, ya sabemos cómo va a terminar eso.
El Perú acaba de elegir (o está a punto de confirmar) a su próximo presidente en una de las
segundas vueltas más reñidas de los últimos años. Con el 94.78% de actas contabilizadas,
Roberto Sánchez lleva una ventaja mínima sobre Keiko Fujimori. El resultado final aún está en
suspenso. Pero lo que ya podemos afirmar es que ninguno de los dos tiene una propuesta
clara para devolverle las calles a Lima. Y eso, más allá de quién gane, es el verdadero
problema vial del Perú.





